Había una vez una ratita llamada Lola, que vivía en el bosque y a la que le gustaba mucho cantar y bailar. Un buen día, junto a su amigo Pistacho, se le ocurrió la brillante idea de organizar una fiesta.
Mientras pensaba a quiénes invitar, seleccionó a todos los ratones de su trabajo y a los vecinos más cercanos. Y aunque suene raro, también invitó a un amigo gato llamado Lino.
La fiesta ya había comenzado y estaba en su mejor momento, pero Lola no veía llegar a su amigo Lino. De repente, un desconocido se coló en la fiesta. Usaba un abrigo negro de mangas largas y una capucha que le cubría el rostro.
Mientras todos bailaban distraídos, el desconocido se quitó la capucha: ¡era un gran gato malvado llamado Pedro que comía ratones! Entonces se abalanzó sobre ellos para comérselos. Los invitados salieron despavoridos y Pistacho, el mejor amigo de Lola, quiso huir con ella, pero quedaron acorralados contra uno de los arboles.
Pedro, el gato malvado, se les acercó con una mirada aterradora que parecía decir: “Fue tu último baile”.
Cuando Lola pensó que todo estaba perdido, dijo:
—Pistacho, ha sido un placer bailar contigo esta noche.
Y Pistacho respondió:
—Lola, también para mí fue un placer.
En ese momento, entró corriendo al gran salón el gato Lino, el amigo de Lola.
Lino se abalanzó sobre Pedro, el gato malvado que había llegado a escondidas con la intención de devorar a todos los ratones de la fiesta. Pelearon salvajemente, pero Lino era más fuerte y ganó la pelea.
Pedro salió corriendo y jamás volvió a esa parte del bosque.
Desde ese día, Lola aprendió a no hacer fiestas con invitados desconocidos y a invitar solo a quienes realmente conocía, pues por no tener un buen control, un gato escurridizo logró entrar a la fiesta.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. ✨
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